Diecisiete, dieciocho, diecinueve... ¡Cuarenta!- gritó el muy tramposo(o el muy bruto). Yo estaba escondida dentro de un cajón demasiado cómodo, con la tapa entreabierta para así poder respirar. Él se acercó corriendo y, dando un salto, pisó el cajón cerrandolo completamente. Nunca pudo encontrarme.
Geniall!!
ResponderBorrarnos vemos mañana:D